Eli en el país de las sirenas

Desde hace un par de semanas, Laura ha decidido que eso que hacía hasta ahora, de dormirse instantáneamente tras leerle el cuento del día, es más bien aburrido. “Agua”, “se me ha salido la sabana por aquí medio centimetro”, “Poo se ha girado un poquito y ya no está en la posición exacta en la que estaba”. Vale, esto ha sido un poco dramatización, pero más o menos lo entendéis.

Y sí, ya podemos estar, como ayer, a 35º a la 1 de la mañana, que ella duerme tapada con la sabana hasta la barbilla.

En fin, que yo, a la 19ª vez que me llama le intento explicar que tras pasar todo el día con ella también necesito un descansito y que me gustaría cenar, sentarme o mirar como vuelan las moscas, pero tranquilo. Y dice que ya si eso lo haga otro día, que ella se lo pasa mejor llamando.

Pero bueno, a lo que íbamos, hoy nos vamos de viaje con Boolino al fondo del mar, acompañando a Eli a una aventura que nos va a enseñar un par de cosas y que no ha podido llegar en mejor momento por lo anteriormente explicado.

Eli, por si no la conocéis, es una de los tres protagonistas de “El Jardín de Alethea”, unos seres mágicos que viven un montón de aventuras mientras nos enseñan cosas importantes.

Eli viaja en esta ocasión al país de las sirenas, que está de celebración por el nacimiento de la princesa, pero al llegar no hay globos ni confeti, y la única fiesta que hay montada es la de la princesa llorando a pleno pulmón, dejando a todo el reino con ese aspecto que todos conocemos cuando nos miramos al espejo a las 3 de la mañana con el churumbel aún despierto.

Laura, lleva un par de años yendo a clases de iniciación a la música, así que con un amplio conocimiento en cuanto a instrumentos, no ha podido alegrarse más al ver que Eli decide con sus poderes mágicos crear unos instrumentos que, en lugar de leérselos, le voy señalando y ella va nombrando.

Así pues, los habitantes del reino, usando los instrumentos de Eli, logran que la pequeña princesa se duerma, dejando por fin que todos descansen.

Un buen cuento para que Laura entienda que si ella no descansa, nadie descansa y no podremos atenderla como es debido, ni podremos jugar al día siguiente porque no tendremos fuerzas.

Unos dibujos grandes y hermosos, varias ocasiones para que Laura, en lugar de leerle vaya señalando elementos y nombrándolos y además, un juego al final del libro que ya se sabe de memoria pero necesita hacer cada vez que leemos el cuento.

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Eli en el país de las sirenas
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