Se acerca el día del padre. Seguro que estás esperando ansioso que tus peques te traigan una corbata de papel coloreada del cole, de esas a las que enganchar una gomita y colgar del retrovisor del coche. Y, sobre todo, estarás esperando que te suelten un gran FELICIDADES PAPÁ, mientras te abrazan y dan besos.

Es probable que sea lo que esperes, pero antes quizá deberías preguntarte si te lo mereces.

Puede que te tengas en gran consideración como cabeza de familia. Pero no es tu culpa que estés equivocado, la sociedad te ha llevado a pensarlo. Para empezar: no eres cabeza de nada.

Una familia debe basarse en la corresponsabilidad, en la igualdad. Y si no habéis llegado a ese punto,  seguramente la cabeza de familia sea tu pareja. Ella será la que se ocupe de la casa, de los niños y de ti. Aunque seguramente ya eres mayorcito para hacerte tus cosas. Y no, no he dicho que se ocupe de ella misma, pues para ella no tendrá ni tiempo ni energías.

Pero estás esperando a que te feliciten por ser un padre estupendo. Sin embargo llegas a casa y le dices a tus hijos que ahora no puedes (quieres) jugar, que tienes que descansar, responder unos mails, ver el partido, que ya es tarde porque te has tenido que parar en el bar con los amigotes. Que tienes que…

Y sigues esperando la felicitación aunque ni si quiera sabes el nombre de su pediatra. Ni lo que significa percentil. Tampoco sabes como se llaman sus mejores amigos o amigas. Te enteras de como van aprendiendo a leer por los ratos en los que los escuchas trabajando con tu pareja.

Ser padre no es fácil, es un trabajo 24/7, requiere esfuerzo y dedicación. Pero te aseguro que es divertido.

Hazte un favor y este 19 olvídate del mundo. Olvídate de todo y conoce a tus hijos, sus historias, invenciones, juegos… Por un día, haz que signifique algo verdadero ese gran FELICIDADES PAPÁ.