Mamá, papá ¿qué es la muerte?

Este no está siendo un buen año. Prueba de ello es que en varias ocasiones he tenido que pensar que quizá no faltara mucho para tener que explicarle a Laura qué es la muerte.

No esta siendo un buen año pero podría haber sido peor, ya que por suerte no he tenido que hacerlo. Aun así, el momento llegará, porque si algo tiene la muerte es que es universal (todos vamos a morir).

Y aquí es donde entra Seguros Meridiano, que puso a nuestra disposición a Nuria Javaloyes, una de las psicólogas que ha elaborado la guía “Mamá, papá ¿qué es la muerte?”  en la que nos dan varios consejos con los que afrontar la perdida.

¿Qué es la muerte?

La muerte no es dormirse, ni irse de viaje. La muerte es morirse. ¿Parece una tontería? pues no, la muerte es lo que es y, aunque a veces se nos olvida, a los niños hay que explicarles las cosas como son, ya que si intentamos “maquillar” las cosas podemos causarles algunos problemas.

Un claro ejemplo de por qué huir de los eufemismos: les decimos que “se ha ido de viaje”. El niño, ante tal afirmación y sin toda la información no sólo puede pensar que va a volver, es que puede creer que esa persona se ha ido porque “tal día me enfadé con ella”.

Recordemos que los niños, ante la falta de datos, son expertos en rellenar huecos con su imaginación, y son capaces de imaginar increíbles castillos y aventuras, pero también de las peores pesadillas.

Así que morirse es morirse. Y punto. Dependiendo de la edad, claro, tendremos que adaptar nuestro lenguaje y, también, hay que tener en cuenta que, por lo general, hasta los 6 años los peques no entienden el sentido de irreversibilidad, ese “NUNCA más volverá”.

ENTENDER Y AFRONTAR LA MUERTE

Podemos dividir a los niños en 4 grupos por edad:

  • 0 a 2

Si hay vínculo, hay duelo. Y, los bebés, crean vínculos tanto o más fuertes que los adultos.

Podemos percibir, ante la pérdida, irritabilidad, cambios en el llanto, alteraciones en el ritmo de la comida, etc.

Lo más importante en estos casos es mantener las rutinas, ofreciéndoles seguridad (quizá la palabra más importante en todo este asunto y en cualquier etapa). Arroparlos con un abrazo y hacerles sentir a salvo.

  • 2 a 6

Como decía antes, en esta etapa es complicado que entiendan que la muerte es para siempre, así que no debería extrañarnos si los niños muestran indiferencia o inexpresividad ante la perdida.

No rehuyamos de sus preguntas y hablémosles de forma clara y precisa. Son muy comunes las preguntas tipo ¿donde está?, ¿tú también te vas a morir?… No le sueltes una charla, es un niño, a los 5 minutos ya no estará pendiente de lo que le estás contando, así que se claro.

Gracias a nuestras preguntas irán poco a poco comprendiendo los conceptos de irreversibilidad y universalidad y les aportaremos seguridad de que “lo normal” es morir siendo “muy muy mayores” o estando “muy muy muy pero que muy enfermos”, que no nos morimos así como así.

  • 6 a 10

Al entender la muerte como lo que es pueden aparecer miedos, temores o angustias ante la posibilidad de que la gente que le rodea empiece a morir. Es un miedo normal, por lo que no debemos temer hablar del tema, incluso deberíamos animarles a ello.

  • 10 a 13

La preadolescencia ya es bastante mala de por si como para tener que hacer frente a una perdida. Aquí uno empieza a conocerse a sí mismo, por lo que puede tener problemas de identidad tratando de asumir roles que no le corresponden o buscando una autoafirmación desde conductas de tipo rebelde o evitativo.

Deberemos dejar que participen en los ritos funerarios como uno más y, por supuesto, mostrarnos accesibles y cercanos pero respetando sus tiempos y proporcionándoles (una vez más) seguridad para el futuro.

Muchas veces, intentando decir algo que anime, solemos cagarla (con perdón), y precisamente en esta etapa, cuando un niño (varón) pierde a su padre, lo más repetido es: “ahora eres el hombre de la casa”, “tienes que cuidad a tu madre/hermanos” y cosas parecidas.

NUNCA se te ocurra hacer algo así. Como ya hemos dicho el preadolescente está en la busqueda de si mismo y lo peor que podemos hacer es crearle un rol que no le corresponde.

El silencio, el simple acompañamiento ante el duelo, es muchas veces más importante y efectivo que las palabras de ánimo.

COMUNICAR LA NOTICIA

Nuestro impulso inicial siempre va a ser el de proteger a los niños, apartándolos de lo ocurrido, pero la muerte del ser querido se ha de comunicar lo antes posible y por alguien con quien el niño tenga un vínculo afectivo fuerte.

¿Y qué le decimos? LA VERDAD (por si no había quedado claro hasta ahora). Graduada, adaptada a su capacidad de entendimiento, sin eufemismos y perdiendo el miedo a la palabra muerte.

Si es posible usemos ejemplos de fallecimientos ya ocurridos (el abuelito de…, el perro de…) para que entienda a que nos referimos.

Aun explicándole la irreversibilidad de la muerte y lo que significa que una persona muera (no ver, oír, etc…) intentaremos dar esperanza explicando que nuestro vinculo con esa persona seguirá vivo en el recuerdo.

Además, a la hora de comunicarlo, no debemos evitar llorar si es lo que sentimos. Debemos normalizar la pena.


La charla a la que acudimos no fue un monólogo, fue más una conversación, y en ella hablamos de los “duelos desautorizados”, como lo pueden ser por ejemplo los abortos. Duelos que el entorno no parece comprender ya que “eres joven, todavía puedes tener otro” y ese tipo de barbaridades que se suelen decir.

Seguro que me dejo muchas cosas en el tintero, algunas las fuimos comentando por twitter, otras os las contarán las demás compañeras que estuvieron con nosotros, como Aprendiendo con Julia o Las Aventuras de Bebé Pingüino y su mamá.

Yo, por el momento, voy a releer la magnífica guía de Seguros Meridiano para estar lo mejor preparado posible.

 

 

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